Estos 5 municipios de García Rovira tendrán el Festival Internacional de Piano UIS

El evento cultural más importante en la provincia de García Rovira, llega gracias a la Universidad Industrial de Santander, sede Málaga.




Desde el 29 de agosto hasta el 1 de septiembre, 5 municipios de la provincia, serán los escenarios para el festival internacional de piano, que en este año llega a la XXXlV edición. Deicy Dalila Delgado Díaz, coordinadora de la UIS Málaga, señaló en AN Noticias, que, para la provincia es muy grato recibir por 15 años este magno evento.

Igualmente, añadió, que en esta oportunidad se buscaron los municipios que, sin importar la distancia, para que también puedan disfrutar de este espacio cultural, por ello se comienza la gira en la provincia, en el municipio de San Andrés en el Templo, este 29 de agosto a las 9 am. Ese mismo día en Málaga a las 6:30 pm en el auditorio de la UIS.
El día 30 de agosto, en el templo de Molagavita a las 9 am. El 31 de agosto, en el templo parroquial de San Miguel a las 9 am y se cierra la gira, el 1 de septiembre en el municipio de Carcasí, a las 9 am en el templo parroquial.



Los pianistas invitados

La coordinadora de la UIS Málaga, invitó a la comunidad a disfrutar de un evento totalmente gratuito y que contará con la presencia del pianista santandereano Oscar Acevedo, con más de 30 años de trayectoria en la música y el más representativo en el Jazz colombiano. También estará, el pianista bogotano, Daniel Feredico Bedón, que, a su corta edad, es un gran concertista que por varios años ha participado en el Festival Internacional organizado por la UIS, puntualizó la especialista Deicy Dalila Delgado.

Reseña del Festival

El Festival Internacional de Piano UIS es el certamen pianístico más grande de Colombia y el de mayor tradición en el entorno cultural de la ciudad; el cual busca expandir la práctica y el goce del piano en los ciudadanos de Bucaramanga y otros municipios de Santander. En 1984 nació para no apagarse, y desde entonces, la llama que ardió llena de esperanza, aún sigue encendida.

Los inicios

El Festival Internacional de Piano UIS no se puede pensar sin el auditorio Luis A. Calvo, el recinto cultural más imponente e importante de Santander y el ícono por excelencia de la Universidad Industrial de Santander. Su diseño y construcción iniciaron en 1978 y cuatro años después, el siete de mayo de 1982, fue inaugurado. Reconocido por su aforo de 989 localidades y su acústica, lleva el nombre de uno de los músicos más virtuosos que ha dado Colombia, Luis Antonio Calvo, un gambitero cuya vida osciló entre la tragedia y el esplendor y que en sesenta y tres años de vida compuso intermezzos, composiciones para arpa, danzas, himnos, canciones, bambucos, pasillos, valses, marchas, pasodobles, gavotas, caprichos y hasta tangos.

Dos años después de inaugurado el auditorio, el lunes 26 de noviembre de 1984, inicia el Festival Internacional de Piano de la UIS. Años antes, dentro de los planes de proyección que la dirección de la Universidad estaba diseñando, el Comité Cultural de la UIS le propuso a Jaime Luis Gutiérrez Giraldo, rector de la institución, varios eventos para darle al auditorio una actividad cultural sólida y reconocida a nivel nacional e internacional. Entre opciones como festivales de danza y de coros, se acordó realizar un festival de piano que tuvo como primer director a José Tomás Illera López, un músico e intelectual payanés que para la época dirigía el Departamento de Artes de la UIS y, además, el artífice y defensor de la idea. El evento, pues, estaba listo para hacer su aparición y ofrecerle a Bucaramanga una alternativa de cultura y de creación artística que apreciara la belleza y la sensibilidad de la música clásica.

El primer Festival Internacional de Piano — que en sus dos primeras versiones se llamó Festival-Taller Internacional Piano pues desde el principio se pensó en hacer del evento un escenario pedagógico para intérpretes y músicos — se realizó entre el 26 de noviembre y el 1 de diciembre de 1984. El presupuesto fue de $800.000 de la época y la asistencia no sobrepasó las setecientas personas en todos los conciertos. Setecientas personas que, sin embargo, no amainaron la voluntad de quienes desde un principio abogaron por ofrecerle a la ciudad un evento de talla internacional. El encargado de abrir la senda por la que después pasarían pianistas de alto renombre fue el venezolano Arnaldo García y el samario Andrés Linero sería el primer colombiano en ofrecer un concierto en el Festival.

Desde la segunda versión del Festival se definió que se realizaría en septiembre pues se facilitaría la disponibilidad de recursos y de los artistas invitados. La afluencia, poco a poco, iba en aumento, así como la variedad de los eventos anexos: desde 1986 el Festival se acompaña de exposiciones, conferencias, videos y charlas, y se estableció el nombre definitivo que hasta hoy se mantiene: Festival Internacional de Piano. La participación de la Orquesta Sinfónica de Colombia en 1987 marcó un punto altísimo que le dio más renombre al Festival.

El estadounidense Everett Lee, primer afroamericano en conducir un musical de Broadway, fue el encargado de dirigir la Orquesta acompañado del cubano Jorge Luis Prats interpretando piezas de Rájmaninov, Bizet y Verdi.

En 1988 se interpretaron por primera vez obras de autores colombianos, a cargo de Teresita Gómez, la pianista colombiana de mayor trascendencia internacional, condecorada en 2005 con la Orden de Boyacá. Los elegidos: Luis A. Escobar, Adolfo Mejía, Pedro Morales Pino y Luis A. Calvo. A partir de entonces, la presencia de compositores colombianos en el programa del Festival se hizo recurrente.

Fue así como el Festival adquirió el prestigio que lo caracteriza y por el que tuvo invitados como el austriaco Walter Hautzig, recientemente fallecido; el inglés Antony Peebles, cuyas composiciones han sido interpretadas en más de 131 países; el francés Éric Le Sage, merecedor de premios como el Concours international Robert-Schumann; además de infinidad de músicos entre violinistas, clarinetistas, saxofonistas, percusionistas y comentaristas de la talla de Otto de Greif, quien desde sus “Comentarios musicales” de El Tiempo desempeñó una larga labor como crítico y comentarista musical.

Desde entonces, año tras año el Auditorio Luis A. Calvo vuelve a escuchar buena música. Nos han visitado artistas de todo el mundo, y hemos escuchado música de todas las épocas y todos los estilos. Hemos visto fluir las intrincadas fugas de Bach y nos ha arrebatado el pathos de las sonatas finales de Beethoven. Igualmente nos hemos extraviado entre los efluvios románticos de Chopin, al tiempo que nos han crispado los nervios las octavas veloces y las cataratas de veloces semicorcheas de Liszt. Hemos elevado nuestra íntima oración al dejarnos atrapar por el misticismo de Calvo y hasta hemos danzado entre furiosos ritmos de Stravinsky y Ravel. Y no han faltado los enigmas tonales de Ives, Cage, Bloch y Carter; las sutiles y enigmáticas armonías sin canto de Debussy o las profundidades del extravío romántico de Schubert. En fin, la hispanidad de Falla y de Granados, las transparencias escuetas de Copland, la rítmica nerviosa y enfática de Ginastera, las melodías infinitas de Gershwin y de Lecuona, la fluvial torridez de Villa-Lobos y la peroración patética y grandilocuente de Chaikovski. De todo hemos escuchado en este Festival, hace mucho tiempo mayor de edad; no han faltado conciertos sinfónicos ni la sacrosanta música de cámara, así como tampoco la voz humana y, sin duda, bambucos y pasillos, muy a pesar de los exegetas. Y el jazz y la música electroacústica y los instrumentos antecesores del piano, los clavecines o clavicémbalos. El desfile de artistas incluye nombres muy destacados, como Leonid Kuzmin, Gonzalo Ruvalcaba, Chano Domínguez, Teresita Gómez, Tatiana Pavlova, José Feghali, Harold Martina –varias veces-, Lang Lang, Jean Etiene Bavouzet, Susan Starr, David Murray, Arnaldo Pizzolante, Sergio Posada, Jean Francois Duchamp, Karol Bermúdez, Patricia Pérez, Pilar Leyva, Tomoko Hoda, entre los solistas; y directores de orquesta como Gustavo Yépes, Dimitr Manolov –también fallecido-, Alejandro Posada, Eduardo Carrizosa, Paul Dury, Sergio Acevedo, Fritz Vögelin. La nómina de solistas de otros instrumentos también es extensa, incluyendo violinistas, cellistas, flautistas y cantantes. La visita de Orquestas Sinfónicas ha sido ocasional, pero decisiva para el éxito y mayor brillo del evento; en efecto, se ha contado con las Orquestas Sinfónica de Colombia, Filarmónica de Bogotá, Sinfónicas de Antioquia, del Valle y del Tolima, y nuestra Filarmónica de Santander, que todos debemos rescatar. Recordamos también los aportes de compositores como Jesús Pinzón y Blas Emilio Atehortúa, quienes aportaron obras dedicadas al Festival.

Igualmente, en este agolpado recuerdo, rescatamos la imagen emocionante del Coro de Cámara Za-Chia-Ty, bajo la dirección de Andrés Páez Gabriunas, interpretando los Valses de Amor de Brahms, y la Coral Victoria de Medellín, junto a nuestra Coral Universitaria, cuando entonaron acompañados por Tatiana Pavlova y la Sinfónica de Antioquia, la Fantasía Coral de Beethoven, en un memorable final de fiesta. Y tampoco olvidamos el año Mozart, cuando una visita de la Filarmónica de Bogotá nos permitió escuchar el hermoso Concierto No.20, y su inefable Sinfonía Concertante para Violín y Viola, a cargo de Luis David Niño y Aníbal Dos Santos.

Artistas muy reconocidos de la plástica han aportado, siempre a título de donación, la imagen gráfica del afiche promocional del Festival, en tanto que destacados críticos musicales nacionales y extranjeros, han hecho presencia con sus acertadas orientaciones pedagógicas que han cualificado notablemente un público, cultivado durante dos décadas, e integrado mayoritariamente por gente joven. Y finalmente mencionemos a quienes han estado detrás del escenario como ejecutivos orientadores del evento, por encargo de la Universidad: ya mencionamos antes a José Tomás Illera –director fundador-, Marcela García, Jairo Calderón, Augusto Sorzano Puyana, Libardo Barrero, y el autor de estas improvisadas líneas.

Hoy esta fiesta de la música, que arriba a la mayoría de edad, es una cita obligatoria para los que sucumbimos ante el poder brujo de la música. Por la sala, entre abrazos y sonrisas, miles de jóvenes deambulan atentos en los intermedios leyendo las parrafadas de los controvertidos criticones y entre controversias por tal o cual desacuerdo estético de apreciación, reina la armonía como bálsamo de rosas durante esos, siempre muy breves días con sus noches. El sueño ilusorio de hace veinte años hoy es una pujante realidad que siempre esperamos y que nunca nos defrauda. No han valido las asechanzas de los elementos, ni las sorpresas de la tecnología, ni las tensiones de la contienda social, ni el terror; que siempre son derrotados por la buena voluntad y la fraternidad.

Feliz trigésimo cuarto aniversario. Que se enciendan las luces y se dispongan las almas sensibles, y que las armonías del sonido nos vuelvan a colmar el alma de esperanza. Mucha historia ya se ha escrito pero queda mucho por vivir